Felipe ha dejado la escoba y el recogedor, y con ellas el desgaste de su decadente vida laboral, y por si fuera poco el monótono transcurso marital que a sus cincuenta años yace más de una decena mensual que la seducción se ha visto ausente.
Por eso se ha vuelto cliente frecuente de “el dorado”, tugurio arrabalero de exótica decoración que no cesa ni en días de epidemia.
Ahí, Carmen es el alma de la fiesta, todos los obreros que frecuentan el bar esperan su turno para compartir la pista con tremenda belleza.
Felipe hace semanas que la observa con embeleso y la sueña en la misma sintonía. Sentado como siempre, junto a la puerta con oscura cerveza y botana japonesa a medio acabar, las horas de la noche le han transcurrido.
Carmen ha aprovechado el fin de una cumbia para ir al tocador. Felipe no ha dejado de seguir esas caderas desde su asiento. Pide otra botella y medio limón. El alcohol le ha hecho perder densidad.
Como acto milagroso, increíble, fortuito, Carmen se acerca. Él siente que su torpeza, en cualquier momento, evidenciará su deseo.
La joven le facilita las cosas, le extiende el brazo de tez blanca azulada. Felipe sólo actúa por inercia y es simplemente guiado por la mujer.
En la pista, la música se ha vuelto melodía que envuelve cuerpos y los aproxima cadenciosamente. Esto fue el paso libertario a un juego divino: los senos firmes de Carmen apretados estaban contra el pecho de su acompañante. Ambos eran prisioneros de un amoroso abrazo mecedor. La mano de él recorría la ruta femenina, apretando la redondez y a besos le saboreaba el cuello. Eso parecía la gloria, al menos no estaba muy lejos de serlo. Ella lo elogió con esos labios rozándole el lóbulo, lo amó, enjaulándolo en sus brazos. Todos ellos eran carne dentro de la garra apasionada cuando Carmen lo besó como jamás había sido besado.
Con la ternura de ese jugoso y enérgico beso la joven de tez blanca azulada succionó su tristeza, su felicidad, su asombro, sus recuerdos, toda su esencia: el alma amada de Felipe ya le pertenecía.
sábado, 5 de noviembre de 2011
De fichera, la muerte
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