La sonrisa chimuela del abuelo
protagoniza el altar
y acompañada esta, de otras azucaradas,
con la cálida luz media, una tétrica sensación
anuncia la colorida locura del
festival de añoranza:
delirio fúnebre que eriza
la tradición ancestral.
Una bara y unas monedas pa’ que
el viejo pueda regresar
y en la cinta magnética, la melodía del abuelo
que envuelve las memorias
de nuestro universo compartido
en el puente entre sus ojos y los mios.
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