Una luz tenue me envolvía
aquella noche de luna de Octubre
con el recuerdo de los días gloriosos.
Gloria de ensambles perfectos,
desatados y perversos
que alimentan mi libido apasionado.
Déjala que hierva, que llegue
al clímax de brasas ardientes
Y finalmente, tendida, que contemple el respiro,
después de la despavorida encarnación.
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